Ella sentada ahí, simplemente sentada. Haciendo la selección de lo que iba a ocurrir, pensando en su vida y tal ves en lo bueno que es ser ella. Mirando a la gente, inventando historias sobre sus vidas, total todas esas personas tienen vidas miserables, por lo menos mas miserables que su propia vida. cosas que nunca ocurren, cosas que pasan a todos, al del lado, al del frente… pero nunca a nosotros, historias de amor, de desamor, de engaño, de mentiras, de sida, de sexo, de sexo bueno, de sexo malo, de sexo miserable.
Ella no se creía una princesa, tampoco era la mujer mas suave del mundo, de esas que llevan su dulce fragancia y su cinta roja en el pelo. Tal ves no era la mas positiva, pero creía en ella. No ahoga sus penas, simplemente piensa que hay peores. Ella, no comparte su pacer, solo lo disfruta. Sus ojos, su boca, su cara lo dicen todo al mirarla, sin embargo no es la persona mas predecible. Su vida ha sido algo solitaria, tal ves sea una selección personal… o tal ves la misma vida la ha llevado a ser solitaria…
… Una ves mas, sentada allí, la mujer de cinta roja en su cabello, observa pasar verdades y con su risa irónica señala al mas desdichado de sus victimas.
Un día entre tantas mentiras ya no estaba sentada allí en el mismo lugar donde sonreía. Ese día salio a volar y desde arriba todo parecía mejor sin propósito de buscar pretextos para señalar. Arriba todo era distinto, todo era mas pequeño, pero alo lo hacia sentir inmenso, no había necesidad de ponerse zapatos. Parecía un sueño. Tanto silencio, un silencio profundo como si no hubiera nada que escuchar ni nada por decir, ni nada producirá un sonido…
… su cinta roja cayo y cayo… hasta llegar a las manos de un hombre juzgado por una mujer de cinta roja en su cabello y sonrisa irónica…
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